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Laico y casado

Nació en Arandas, Jalisco, -municipio de firme religiosidad-, el 24 de agosto de 1902. Fue el primero de tres hermanos –Luis, Delfino y José Soledad-, engendrados por los esposos Raimundo Magaña Zúñiga y Mª Concepción Servín. Fue bautizado dos días después de su nacimiento, el 26 de agosto, en la iglesia parroquial, por el Sr. Pbro. Víctor Díaz.

Su padre, curtidor de pieles, transmitió el oficio a su primogénito, quien desde adolescente mostró especiales aptitudes para el trabajo, la responsabilidad y el ahorro.

De la primera parte de la niñez, se recuerda que posó como modelo para el Niño Jesús de una imagen de la Virgen del Refugio que pintaba para la parroquia un diestro en el oficio.

Desde adolescente, gustó de la religión. No necesitaban despertarlo para acudir todos los días a la Misa de cinco de la mañana, en la iglesia parroquial.

En cuanto se fundó en Arandas la Asociación Católica de la Juventud Mexica­na, se afilió a ella, adquiriendo los conocimientos básicos sobre doctrina social católica. Posiblemente por este tiempo conoció y trató a Miguel Gómez Loza, quien vivió en Arandas una corta temporada,a principios de 1923.

En 1924 quedó inscrito como socio activo fundador de la Archicofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, de la que será miembro asiduo y piadoso. Ese mismo año, con el fruto de su trabajo, adquirió una modesta casa. Meses después, el 6 de enero de 1926, ante el Sr. Pbro. J. Refugio Durán, en la iglesia parroquial, unió su vida con la de Elvira Camare­na Méndez, jovencita de ese mismo pueblo.

Entre tanto, la situación de los católicos parecía empeorar de día en día. El fatídico 31 de julio de 1926 el culto público fue suspendido por mandato de los obispos; los católicos, heridos en lo más vivo, organizaron una resistencia sin parangón, cuyo eco alcanzó muy intensas repercusiones, en la región de Los Altos, en general; y en Arandas, en particular.

Su esposa dio a luz a su hijo primogénito, Gilberto y Luis redobla sus esfuerzos, debe responder a las circunstancias como padre y como católico. Su convicción pacifista, su esposa embarazada, su pequeño hijo y sus padres, junto, a los cuales ha establecido su domicilio conyugal, lo inhiben a sumarse a las filas armadas, pero no le impiden, en cambio, ayudar con su oración y sus bienes a los católicos de la resistencia activa.

El apoyo incondicional ofrecido por los habitantes de Los Altos a las fuerzas cristeras fortalecía la causa. Para cortar desde sus raíces la oposición católica, el gobierno civil y su brazo ejecutor, el ejército, implementaron acciones durísimas de represión y acoso, entre otras la ejecución de algún católico representativo de la comunidad. Ese fue el caso de Luis.

En febrero de 1928, un grupo de soldados federales al mando del general Zenón Martínez ocupó la plaza de Arandas, posesionándose de la iglesia parroquial y del curato, donde se instaló el Centro de Operaciones. El militar tuvo informes de algunos católicos de la población solidarios con la resistencia y se propuso escar­mentar en uno a todos; eligió pues dos nombres, José Refugio Aranda y Luis Magaña Servín.

El mediodía del 9 de febrero de 1928, los emisarios de Martínez llegaron al domicilio de Luis pero no dieron con él porque se ocultó en un subte­rráneo que unía su domicilio particular con el de sus padres. Los emisarios, para no irse con las manos vacías, hicieron prisionero a Delfino, el segundo hijo de los Magaña Servín.

Se reunieron Luis y sus padres para deliberar sobre el caso, y Luis tomó la firme determinación de presentarse ante los captores. Se vistió con sus mejores prendas y pidió al general Martínez la libertad de su hermano a cambio de la suya. El militar aceptó el trato, y sin mayores trámites, como si se sentenciara a un peligroso delincuente, ordenó se formara en el atrio de la iglesia el cuadro para ejecutar a los dos prisioneros, José Refugio Aranda y a Luis Magaña Servín.

Eran las tres y media de la tarde.A Luis le ataron las manos, pero no quiso ser vendado. Hizo uso de la palabra en los siguientes términos: "Yo no he sido nunca ni cristero ni rebelde, como ustedes me acusan. Pero si de cristiano me acusan, sí lo soy, y por eso estoy aquí para ser ejecutado.

Soldados que me van a fusilar, quiero decirles que desde este momento quedan perdonados y les prometo que al llegar ante la presencia de Dios serán los primeros por los que yo pida. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!".

Sus palabras fueron interrumpidas por la descarga de los fusiles. Poco después, su padre trasladó los restos a la vivienda, donde los vecinos acudieron en masa, tocando con veneración y respeto los despojos mortales. Al día siguiente se le sepultó en el cementerio municipal.

Después de su muerte, nació su hija póstuma, María Luisa. En 1980 sus restos fueron depositados en la capilla del Seminario de los Misioneros Xaverianos, en Arandas.

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