LA SANTIDAD DE LOS LAICOS
Objetivo
A la luz de la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia, reconocer la vocación a la santidad de todos los fieles laicos, para que, esforzándose, lleguen a ser signos creíbles del Reino de Cristo, en la sociedad actual.
Ambientación
Se prepara un periódico mural con imágenes y semblanzas biográficas de los nuevos beatos. Se invita a los asistentes que hagan un recorrido para conocerlos. Se puede poner música de fondo, durante el recorrido.
Iluminación
Del Evangelio según San Juan 15, 3-17.
“Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada. El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como las ramas que se secan y luego son amontonadas y arrojadas al fuego para ser quemadas.
Si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como discípulos míos.
Como el Padre me ama mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mí amor. Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en practica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría y su alegría sea completa.
Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que quién da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen los que yo les mando. En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.
No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros”.Palabra del Señor.
Reflexión
La Palabra de Dios actualiza y recuerda el don admirable por el cual el discípulo de Cristo ha de estar unido a la “Vid” y recibir de ésta, la “savia” que le nutre en su ser y quehacer.
Reconocer la “Vid” y ser “sarmiento”, reconocer al árbol y ser rama, indica aquella relación vital que ha de tener todo discípulo con Cristo, su Maestro. El mensaje, en esta alegoría, muestra también aquella respuesta en la libertad, para que el cristiano se una a la salvación que le es otorgada.
Aparece la insistencia a “permanecer en Él” para tener su vida y así, poder dar fruto. Esto indica aquella fecundidad cristiana de todo bautizado que ha quedado injertado y vive ya en CristoJesús, Vid verdadera.
Se es fecundo, desarrollando las propias capacidades y dones recibidos. Es también fecundidad, cuando el discípulo persevera en aquella relación mediante la vida de oración.
Sólo el auténtico discípulo puede entender que para subsistir, necesita aquella relación auténtica que lo hará distinguirse en el mundo, como persona que recibe la gracia de Dios, para vivir los mandamientos, proyecto de vida que está siempre, en el horizonte de su existencia.
El amor que tiene Jesús a sus discípulos se origina del amor que el Padre le tiene a Él; este amor es un amor divino, ilimitado, manifestación íntima de la ternura de Dios, amor llevado al extremo, total, desbordante, eterno. Por eso se habla de “amigos”, porque el amor es ofrecimiento efectivo y afectivo, este amor relacional, amor de “cercanos”, es regalo precioso de la intimidad.
Respuesta responsable ante este amor ilimitado es la expresión activa y fecunda de la vivencia de dicho amor hacia los demás, dar la vida por el “otro”. Amor, al más próximo, será el distintivo de todo cristiano, amor sin fronteras y sin límites, manifestación única del “amor mayor” que Cristo otorgó a la humanidad desde la inmolación en la cruz.
Motivación
a) Desde la identidad propia
Todo bautizado queda injertado a la vida divina para ser “hijo en el Hijo”;miembro activo del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia; llamado a la santidad, dado que es Dios mismo quien le ha llamado y predestinado para la verdadera justificación en su Hijo Jesucristo (cfr. Rm 8, 28-30).
En la raíz bautismal, coincidimos todos los cristianos, laicos y consagrados, ya que todos procedemos de esta gran raíz que nos hace uno en Cristo. Todos los bautizados hemos sido marcados para ser de Cristo; el baño del Espíritu nos renueva y hace renacer a la vida nueva (cfr. Rom 6,4). Por la gracia bautismal, todo creyente encuentra la luz y la santidad en la que ha de existir siempre.
Ante la identidad de los bautizados, cabe asombrase ante esta generosidad de Dios: “¡Cristiano, toma conciencia de tu dignidad!” (San León Magno).
En el Bautismo, los cristianos encuentran el fundamento principal de la vocación a la santidad, porque han sido engendrados por el que es tres veces Santo (cfr. Is 6, 3), aún más, consagrados por el Espíritu para ser templo y morada de su presencia.
El Bautismo es sacramento de comunión, por el cual los cristianos, unidos al Señor, nos convertimos en su propio cuerpo y somos llamados a conformar esta unidad del Espíritu (cfr. 1 Cor 12, 13).
Somos convocados a formar una sola familia, que consolide el Cuerpo Místico de Cristo, que visibilice la unidad querida, como testimonio creíble del amor de Dios, presente y actuante en el mundo.
En la gran familia cristiana se desenvuelve esta identidad bautismal con una vocación concreta para llevar a cabo la vida en Cristo, unos como consagrados y otros como laicos.
Los laicos participan de la identidad cristiana, hombres y mujeres que desde la fuente bautismal, le pertenecen a Cristo, por el influjo del Espíritu Santo; por lo tanto, su vocación no se contrapone a la identidad cristiana, sino que de ella se deriva. Entre lo clerical y lo laical, sólo cambia el enfoque propio, cada uno, de forma diversa, actualiza el seguimiento de Cristo, según su estado de vida: Sacerdote, religioso, cristiano laico..
Los fieles laicos viven su identidad cristiana en el mundo, sin pertenecerle, pero asumiendo tareas y ocupaciones vitales de la sociedad: “Son personas que viven la vida normal en el mundo, estudian, trabajan, entablan relaciones de amistad, sociales, profesionales, culturales, etc.”(CL. 15.)
Los laicos, son pues: “...los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el Bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos les corresponde” (LG 31.)
b) Desde la espiritualidad propia
La espiritualidad cristiana ha de ser la vida según el Espíritu, estilo de vida, que llevará siempre al Padre, por el Hijo, en el Espíritu.
La meta Trinitaria, la ha señalado el don del Bautismo que ha marcado a todo hijo de Dios, para hacerlo trascender hasta la vida eterna.
La propia espiritualidad laical atiende al llamado de Jesucristo que invita a todos sus discípulos a ser “perfectos, como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48).
La vocación a la santidad es perfección en la caridad, dado que el discípulo fiel de Cristo, entre más santo sea, será más testimonio creíble de una caridad perfecta (cfr. CL 16).
Los hijos e hijas de la Iglesia no pueden olvidar la consigna universal de ser “santos”, porque no se trata de una simple insinuación moral, sino de una exigencia de su misma identidad y de suespiritualidad, en medio de este mundo secularizado (cfr. CL 16), haciendo suya aquella invitación del apóstol a ser: “santos en toda conducta” (1 Pe 1, 15).
La espiritualidad laical es “vida en Cristo”, por lo tanto, es propia del hombre y de la mujer que han dado la espalda a la muerte y a las tinieblas, para vivir en Cristo resucitado (cfr. Col 2,12).
Unidos a Cristo Jesús, hemos de conformar nuestros pensamientos, palabras y acciones con Cristo (cfr. Flp 2, 5). Dado que Él es el “Camino” (cfr. Jn 14, 6), el cristiano ha de optar por Él y no por el otro camino que conduce a la perdición: “Hay dos caminos, el uno de la vida, el otro de la muerte; pero entre los dos, una gran diferencia” (Didajé, 1,1).
Esta espiritualidad debe tener como proyecto de discipulado “las bienaventuranzas” (cfr. Mt 5, 3-12) que señalan el camino que lleva al Reino de los cielos, meta final de todo bautizado. Este nuevo “decálogo”, indica al creyente las actitudes características de su estilo de vida, como discípulo fiel del Maestro. Pero también le descubren aquel deseo subyacente en su alma y en su ser, de alcanzar la felicidad, sabiendo que es aquel deseo íntimo que le lleva a Dios (cfr. CEC 1718), quien verdaderamente dará la felicidad total al hombre creado “Solo Dios sacia” (Santo Tomás de Aquino), “Solo Dios basta” (Santa Teresa de Ávila).
Durante siglos ha predominado una visión clerical de la santidad, que ha impedido la promoción de la espiritualidad propia de los laicos. Hoy por hoy, es urgente rescatar la mayoría de edad que les corresponde a laicos, hombres y mujeres, hijos de Dios e hijos de la Iglesia, que han de arraigar en su realidad concreta para ser testigos de la verdad en un mundo postmoderno y materialista.
Aplicación
Conciencia de lo cotidiano
La tarea diaria que compete a todo hombre y mujer que quiera seguir a Cristo es asumir las propias responsabilidades y, desde allí, mostrase como discípulo de Cristo.
Cuando se habla de lo “cotidiano”, ha de entenderse aquellas actividades propias por las que, en el medio ambiente en que viven, se realizan como personas. Aquello que corresponde al profesionista, al obrero, al campesino, al empleado, al empresario, o mayormente al hombre y mujer que desde la plena conciencia y libertad han escuchado el llamado de Dios para la vida de matrimonio.
Su trabajo ordinario es la oportunidad que tienen para desarrollarse como persona y ejercer una creatividad positiva que haga a otros emplear el mismo, o mejor entusiasmo, para alcanzar una superación y progreso comunitario.
Es ahí donde ha de ser sembrador de actitudes evangélicas que impulsen una creciente conciencia del “bien común”, que ha de promover a todo hombre y mujer que viven en este mundo.
El fiel laico ha de ser fermento de una sociedad y un mundo mejor (cfr. Mt 13, 31-34). Ha de saber dar testimonio, con una clara visión cristiana del mundo,que la persona vale por aquella dignidad dada por Dios al ser creado a su “imagen y semejanza”; que todo hombre y toda mujer son lo más hermoso y valioso que Dios ha creado.
No hay lugar para los reduccionismos fatales que consideran al ser humano como un simple número de estadística económica o una simple cifra poblacional; ya que la dignidad humana no tiene medida matemática, pues rebasa cualquier expectativa y esclavitud ideológica que ambicione atraparla para sus propios fines.
La expresión propia de su inserción en el mundo para santificarlo, lleva a los laicos a asumir una conciencia creativa y responsable ante el don del trabajo (cfr. SD 316).
En el trabajo cotidiano, siendo justo, los laicos aportan su personal realización en el proyecto de Dios Creador sobre el mundo. El don de trabajo es bendición, ciertamente es derecho, pero también obligación y requiere la inteligencia y el esfuerzo propio de quien lo desempeña (cfr. CEC2427 -2428 ).
Tal inserción, en su mundo concreto, lleva también a los laicos a interesarse e involucrarse en la evangelización de las estructuras económicas, culturales y políticas. Nadie mejor que los laicos han de conocer y transformar aquellas corrientes e ideologías miopes, que carecen de una clara orientación de servicio al hombre y el bien común. Nadie mejor que ellos pueden dar voz a los derechos humanos de toda persona, desde el respeto a la vida hasta la libertad religiosa.
Celebración
Se hace una procesión-oración, donde se toma conciencia de la dignidad de los laicos, en un ambiente de respeto.
Sobre una mesa, se hace ofrenda de herramientas del trabajo de los laicos: útiles escolares, utensilios del ama de casa,de algún obrero, o elementos de trabajo de algún profesionista.
Se puede escribir una oración para cada instrumento, expresando en cada ofrecimiento su ser y su quehacer y agradeciendo a Dios el ser y el quehacer de los laicos.
Junto a estas herramientas de trabajo, se pueden colocar algunas fotografías o cuadros de los nuevos Beatos. Reunidos ante la mesa, donde se colocaron las ofrendas, se reza la oración del Padrenuestro.
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