LA SANTIDAD DE LOS TRECE NUEVOS BEATOS MÁRTIRES MEXICANOS
Objetivo
Conocer la vida cristiana de estos mexicanos que practicaron las virtudes de fe, esperanza y caridad y nos dejaron heroicos ejemplos, para estimarlos, venerarlos e imitarlos y tenerlos como nuestros intercesores ante Dios.
Ambientación
Procurar que el lugar en que se comparte el tema, sea el apropiado: limpio, adornado con las imágenes de los Beatos Mártires, con flores y luces.
En un lugar visible se escribe, con letras grandes, el mensaje del Decreto acerca de su martirio: “De vosotros nos podemos gloriar ante las Iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y en las tribulaciones que sobrelleváis” (2 Tes. 1,4).
Iluminación
En nuestra patria mexicana los enemigos de la Fe Católica y de la Iglesia, especialmente por los años de 1915 a 1940, levantaron una violenta persecución contra los sacerdotes, los religiosos, los fieles practicantes y las instituciones católicas, como Seminarios, escuelas, conventos, hospitales, asilos, restringiendo las libertades de fe religiosa, de culto y de asociarse para obras de beneficencia y caridad. Impusieron en la Constitución Federal del año 1917 leyes rígidas contra la Iglesia como los artículos 3, 5, 24, 27 y 123, que afectaban los derechos humanos fundamentales de los católicos y se llegó a la violencia armada; aunque nuestros Mártires siempre buscaron los medios pacíficos para arreglar este conflicto religioso y no se llegara a la lucha armada.
En el año de 1925, el Papa Pío XI estableció para toda la Iglesia la celebración de la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, en el cuarto domingo del mes de octubre, a sugerencia que hicieron los católicos mexicanos quienes lo aclamaban con fervor diciendo “Viva Cristo Rey”.
Motivación:
Para defender la libertad religiosa, de credo y cultos; cuando se agotaron todos los medios pacíficos, se levantaron en armas algunos grupos de católicos para resistir y repelar las agresiones del gobierno de la Nación y de algunos Estados Federativos, exigentes del cumplimiento de las leyes y reglamentos anticatólicos.
Muchos hombres y mujeres mexicanos habían crecido como fieles de la Iglesia Católica; desde niños fueron bautizados en su seno y recibieron su educación cristiana de fe, de amor a Dios y al prójimo, ellos tenían conciencia de su completa pertenencia a la Iglesia en sus parroquias; y con la oración, la participación fervorosa en la santa Misa, escuchando la Palabra de Dios y acercándose a comulgar, vivían y crecían como discípulos de Cristo y defensores del reino de Dios. Además, eran fervorosos devotos de la Santísima Virgen María a quien diariamente honraban con el rezo del Santo Rosario en familia. Ellos acostumbraban con frecuencia visitar a Jesús Sacramentado y lo adoraban en el Sagrario.
Procuraban evitar el pecado y querían vivir siempre en gracia de Dios, para lo cual acudían al Sacramento de la Penitencia o Reconciliación, una vez, por lo menos, cada mes. Los Sacerdotes, eran celosos de la salvación de sus fieles, y no quisieron abandonar a sus comunidades, aunque por ello quedaban expuestos a ser encarcelados y sentenciados a muerte por los enemigos de la Iglesia.
Esta pena de muerte la sufrieron pacientemente muchos mexicanos, que fueron victimados por los enemigos de la fe católica, mientras ellos los perdonaban de corazón y pedían a Dios les concediera la salvación a sus mismos perseguidores.
Especialmente se distinguieron en su fidelidad a Jesucristo nueve cristianos laicos de Jalisco: cinco hombres casados: Anacleto González Flores, Ezequiel Huerta Gutiérrez, Salvador Huerta Gutiérrez, Luis Magaña Servín y Miguel Gómez Loza; cuatro jóvenes solteros: Luis Padilla Gómez, Jorge Vargas González, Ramón Vargas González, Leonardo Pérez Larios; además, el joven adolescente michoacano José Sánchez del Río.
También se distinguieron por su grande amor a Cristo los sacerdotes: José Trinidad Rangel, de Guanajuato; Andrés Solá, español, religioso claretiano y el joven sacerdote de Veracruz: Ángel Darío Acosta Zurita.
A estos trece heroicos cristianos, que con la gracia de Dios alcanzaron la gloria del martirio en los años 1927, 1928 y 1931, el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, con decreto los reconoció oficialmente el 22 de junio de 2004 como verdaderos mártires, dignos de ser venerados; y el Papa Benedicto XVI ha autorizado que en Guadalajara, Jal., el domingo de la festividad de Cristo Rey, el 20 de noviembre de este año 2005, sea la ceremonia de la Beatificación, presidida por su delegado el Sr. Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
Para conocer mejor a estos hermanos nuestros, Mártires Mexicanos, que serán declarados Beatos; contemplemos sus retratos o imágenes y oigamos estas narraciones.
Anacleto González Flores: ferviente, católico y apóstol, excelente Abogado, orador, defensor de los derechos humanos, por Dios y por la Patria, nació en Tepatitlán, Jal., el año 1888. En Guadalajara, Jal., el 1° de abril de 1927, fue sacrificado en el cuartel Colorado, mientras los verdugos lo atormentaban cruelmente, él rezó el acto de Contrición y dijo sus últimas palabras de perdón para sus enemigos; hizo profesión de fe católica, diciendo “Por segunda vez que se oiga en las Américas, yo muero, pero Dios nunca muere, Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”, y cayó acribillado por las balas.
En ese mismo lugar, el cuartel Colorado de Guadalajara, y el mismo día 1° de abril de 1927, fueron victimados los jóvenes hermanos Jorge y Ramón Vargas González, de 27 y 22 años, respectivamente, que nacieron en Ahualulco, Jal. y el joven Luis Padilla Gómez, de Guadalajara, Jal., de 27 años. Estos tres jóvenes, fueron fieles cristianos; en el momento del suplicio, hicieron profesión de fe católica, perdonaron a los verdugos y gritaron “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”. Luis Padilla, había dicho que el día más feliz de la vida sería el día de su Martirio, más que el día de la Primera Comunión.
Dos días después, el 3 de abril de 1927, en el Panteón de Mezquitán en Guadalajara, por órdenes del Gobierno, fueron victimados los dos hermanos Ezequiel y Salvador Huerta Gutiérrez, hombres casados con diez y once hijos cada uno; Ezequiel era cantor de Iglesia, con voz muy privilegiada. Salvador, era un prestigiado mecánico automotriz, los dos eran adoradores nocturnos del Santísimo, muy devotos de la Sagrada Eucaristía y de la Santísima Virgen, ellos nacieron en Magdalena, Jal.
Al morir, Ezequiel tenía 51 años de edad, Salvador, tenía 47 años. Aceptaron morir por Cristo y le cantaban al Señor. En ese preciso momento de su muerte, Salvador, les señaló su pecho a los verdugos para que no fallaran, diciéndoles “Este es mi corazón, dispuesto a morir por Cristo, que ama mucho a Dios”.
Luis Magaña Servín, que nació en Arandas, Jal., en 1902, casado, y tuvo dos hijos; era hombre trabajador. Por la libertad de su hermano, que lo tenían preso los soldados, se entregó al General militar Miguel Zenón Martínez diciéndole que no era cristero como lo acusaban, pero, que sí era Cristiano y estaba dispuesto a morir por su fe y perdonaba a los verdugos. Cantó himnos a Cristo Rey y en ese momento lo fusilaron junto a la puerta del Templo parroquial de Arandas, Jal., el 9 de febrero de 1928, a la edad de 26 años.
Miguel Gómez Loza. Nació en 1888, en Paredones, Jal., (actualmente El Refugio), en Los Altos. Abogado de profesión, casado, procreó tres hijas. Valiente defensor de los derechos de la Iglesia y de los pobres. Promotor de la formación humana y cristiana de los niños y de los jóvenes, más de 50 veces fue encarcelado injustamente, por sus actividades de apostolado en la Iglesia o por servicios sociales. Fue muy devoto de Cristo Rey y de la Virgen María. Enfrentó crueles tormentos y fue fusilado cerca de Atotonilco el Alto, Jal., el 21 de marzo de 1928, a la edad de 50 años.
José Sánchez del Río, adolescente de 14 años 11 meses, fue atormentado y fusilado por las fuerzas del Gobierno Federal, en Sahuayo, Michoacán, donde había nacido el 28 de marzo de 1913 y murió el 19 de febrero de 1928. Muchacho alegre y valiente, buen hijo y excelente hermano y amable compañero. Se acercaba con devoción a comulgar frecuentemente en la santa Misa. Tenía gran amor a la Virgen de Guadalupe, le rezaba el Santo Rosario. Con toda su alma anhelaba morir por Cristo y alcanzar la palma del martirio.
Fue encarcelado dentro del templo parroquial de Sahuayo, Mich. Al ver que allí, junto al altar, los soldados tenían el caballo y los gallos del diputado, Rafael Picazo, profanando el lugar sagrado, José golpeó a los animales, mató los gallos, por celo de la casa de Dios, lo que le valió para ser condenado a muerte. Él se fortalecía haciendo oración, y antes de ser fusilado, recibió de su tía la comunión del Sagrado Viático.
Llevado por los soldados al suplicio, en el camino al cementerio cuando más querían hacerlo renegar de su fe y que apostatara y lo herían los verdugos, él exclamaba, más fuerte: “¡Viva Cristo Rey y Viva la Virgen de Guadalupe!”. Hasta que murió fusilado por los enemigos de la Fe Cristiana.
El día 25 de abril del año 1927, en el rancho de San Joaquín, cercano a Lagos de Moreno, Jal., fueron martirizados dos sacerdotes: José Trinidad Rangel Montaño, de Dolores Hidalgo, Guanajuato, y Andrés Solá Molist, español, de Taradell, Barcelona, Misionero claretiano, y el laico Leonardo Pérez Larios, de Lagos de Moreno, Jal. Los tres vivían en León, Gto., eran fervientes cristianos, muy devotos de la Sagrada Eucaristía, en la celebración de la Santa Misa y en la adoración del Santísimo Sacramento.
Los soldados federales los aprehendieron y los sentenciaron a muerte, los condujeron al lugar donde fue descarrilado el ferrocarril nacional entre las estaciones La Mira ySalas. Por orden del General Joaquín Amaro, falsamente acusados de ser los autores del descarrilamiento y asalto del tren, fueron fusilados.
Los tres sufrieron pacientementela muerte violenta, perdonando a los verdugos y confesando su fe cristiana, los tres recibieron la absolución sacramental. El P. Andrés, moribundo, herido por las balas, sobrevivió unas horas y declaró “Morimos por Jesús... morimos por Dios”.
En la Parroquia de La Asunción, del puerto de Veracruz, el día 25 de julio del año 1931, ante un numeroso grupo de dos mil niños, con sus catequistas y padres de familia, que se disponían para el sacramento de la confesión, entró un grupo de hombres armados, enviados por el Gobernador Adalberto Tejeda, y empezaron a disparar sus armas contra los sacerdotes. El joven sacerdote Ángel Darío Acosta Zurita, de 23 años de edad, de sólo tres meses de ordenado, cayó herido y murió al instante invocando el santo nombre de Jesús. Antes había dicho: “La Cruz es nuestra fortaleza en la vida, nuestro consuelo en la muerte, nuestra gloria en la eternidad”. Fue un hombre consagrado a Dios y vivió santamente; el Señor le concedió la corona del martirio.
Su Obispo, el ahora beato, Rafael Guizar y Valencia manifestó ese día: “En estos momentos, cuando lloro herido por la espada de dolor por tan enormes crímenes, los ángeles del cielo reciben el alma de este mártir con grande alegría, para colocarlo entre los héroes del cristianismo”.
Aplicación
Los ejemplos de vida cristiana y el heroico testimonio de fidelidad a Dios hasta el derramamiento de la propia sangre ¿qué actitudes provocan en nosotros, para vivir como fieles cristianos? ¿Qué dicen ustedes, quieren manifestar algún propósito que desean cumplir en su vida, siguiendo los ejemplos de estos nuevos Beatos Mártires Mexicanos?
Se oyen con atención las aportaciones de los participantes y se les responde. Que memoricen: “Martirio es el dolor de cada día, si en Cristo y con amor es aceptado. Fuego lento de amor, que en la alegría de servir al Señor es consumado”.
Celebración
Se canta el himno: “Tú reinarás, este es el grito...”
Tres veces se proclama por todos: “Viva Cristo Rey, Viva Santa María de Guadalupe”.
Al final, se les agradece a todos su presencia y participación y se les invita a seguir estudiando la vida de los santos e imitar sus ejemplos de vida cristiana.
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