Eminentisimo Señor Cardenal JOSE SARAIVA. MARTINS, Prefecto de la Congregacíón para las Causas de los Santos:
Con gozo y veneración recibimos a su persona, como digno Representante del Santo Padre Benedicto XVI, que le ha confiado la noble misión de declarar BEATOS al Grupo de los Trece Mártires Mexicanos, encabezados por ANACLETO GONZALEZ FLORES, en esta Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, tan sentida por el Pueblo de México.
Al presidir esta histórica celebración, queremos ofrecerle nuestro respetuoso saludo y nuestra cordial bienvenida, de parte del Episcopado, del Presbiterio y de todos los Miembros del Pueblo de Dios que peregrina en estas tierras mexicanas, y muy especialmente, de las Iglesias Particulares de donde han brotado estos Trece Testigos Fieles, que son gloria y honor de las Iglesias de Guadalajara, León, Zamora, Veracruz y San Juan de los Lagos.
Queremos interpretar esta solemne celebración, a la luz de la Historia de la Salvación, como lo evoca el Libro del Apocalipsis, al presentar la suerte de los que han sufrido persecución violenta, hasta el martirio, y que han alcanzado la salvación definitiva, y participan ya de la Liturgia Celeste: "Esos son los que han salido de la gran persecución; han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero, por eso están ante el trono de Dios, sirviéndole noche y día en su santuarío" (7,14-15).
La Iglesia Universal, presidida por el Papa Benedicto XVI, reconoce que ANACLETO GONZALEZ FLORES Y SUS DOCE COMPANEROS, entregaron sus vidas por seguir fielmente a Jesucristo, Rey y Señor del universo, y proclamar a Santa María de Guadalupe como Madre del Redentor y Madre nuestra. Nuestros Mártires no temieron la muerte y derramaron su sangre, que ahora es para nosotros "Semilla de Cristíanos".
Hoy, nosotros volvemos la mirada hacia nuestros Mártires, fruto el más preciado de la fe, sembrada aquí hace cinco siglos, para tenerlos como intercesores ante Dios, y para beber en esa límpida fuente, el torrente de virtudes heroicas que nos han legado, resaltando, especialmente el testimonio de la vida de los laicos, que desde la adolescencia hasta la vida madura, se santificaron en las carreras profesiones, en los trabajos ordinarios, en los liderazgos sociales, en la vida de oración y en los diversos apostolados, sin faltar por igual el testimonio de los sacerdotes en el desempeño heroico de su Ministerio.
Nuestros Mártires ofrendaron la vida por la paz y la unión de los mexicanos. Por eso en el largo camino de reconciliación e integración que debe recorrer nuestra Patria, ellos tienen un papel importante. Como Cristo enla Cruz, murieron perdonando a quienes les quitaban la vida. Su ejemplo luminoso de lealtad y constancia, despierta ya sentimientos nobles de perdón y reconciliación y elevados ideales en el pueblo mexicano.
Sea Bienvenido, Eminentísimo Señor Carde nal. Que el Espíritu Santo lo siga asistiendo en su ardua pero grata labor de promover el reconocimiento de la santidad en el ámbito de la Iglesia Universal. Le suplicamos lleve al Vicario de Jesucristo nuestro afecto y nuestra firme adhesión a su Persona y a su Magisterio, y le comunique el profundo gozo y las grandes esperanzas que nos ha infundido el reconocimiento de nuestros Mártires Mexicanos.
Guadalajara, Jalisco, México, a 20 de noviembre de 2005,
Solemnidad de Jesucristo Rey de¡ Universo.
+ JUAN CARD. SANDOVAL IÑIGUEZ,
Arzobispo de Guadalajara.
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